Entre las ciénagas del
olvido encontré un retal de esperanza, aquella que una vez se escurrió como arena
entre mis dedos, y que tú me recordaste con una simple y húmeda lágrima.
Lentamente por la mejilla
cargaba con el peso del dolor ajeno. La turbación del instante se tradujo en silencio
mientras discurría sinuosa por piel erizada y avanzaba salvando obstáculos de
confección humana.
Los dedos entremezclados
difuminaron el resto entre palabras. Letras unidas por lágrimas que recobraron
su sentido primigenio. Que danzaron para nosotros la melodía de sonidos que necesitábamos
escuchar.
Unidos por mi dolor me
mostraste el camino de emociones no recordadas. Asumiendo dolor abriste las
compuertas de un pantano donde las aguas quietas y putrefactas permanecían oscuras
sin nadie ni nada a su alrededor.
Puedo oler…
La lluvia y almendros en flor.
Puedo verla…
Cristalina y pura.
Puedo...
Soñar contigo
Puedo!
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